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De las cafeterías escolares a las mesas familiares

En la escuela superior agrícola Saul, la comida sana es esencial
  • saul high school mosaic harvey finkle
    Harvey Finkle

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El menú en el hogar de Mitchell Valentín recientemente incluyó una ensalada con lechuga rúcula.

En el hogar de Malik Rodgers se sirvieron pimientos rellenos.

Y en el de Christopher Radford disfrutaron de un guiso de vegetales.

Aparte de la comida sana que disfrutaron, Valentín, Rodgers y Radford también tuvieron al menos dos cosas más en común: Son estudiantes de la Escuela Superior W.B. Saul, una de las pocas escuelas superiores agrícolas urbanas del país, y los vegetales que consu­mieron fueron cosechados en el campus de la Saul, en la sección Roxborough de Filadelfia.

“Mi mamá usa todo lo que traigo a la casa”, dijo Valentín. En algunos casos eran vegetales que nunca había visto, agregó también.

La misión principal de la Saul es preparar a sus estudiantes para carreras – y usualmente estudios universitarios – en uno de sus cuatro programas académicos principales:

• Horticultura

• Ciencia de procesamiento de alimentos

• Manejo de recursos naturales

• Ciencias animales

Por otro lado, la escuela también ha participado en los esfuerzos del Distrito Escolar de usar más productos localmente cosechados en el sistema de comidas para que compitan con los alimentos procesados que se reciben de estados lejanos.

El Programa Farm-to-School (de la granja a la escuela) de la División de Servicios de Comidas del Distrito le proporciona frutas y vegetales cosechados localmente a más de 30 escuelas.

Gran parte proviene de los 130 acres de campus de la Saul, un amplio espacio verde entre los miles de casas pequeñas y apartamentos a lo largo de la Avenida Henry.

Tamera Conaway, la principal de la Saul por los últimos cinco años, lo llama “de la granja-a-la-cafetería”.

Y no es que sea una transferencia directa. No se puede pretender que una cabeza de lechuga sin inspeccionar vaya directamente del invernadero de la escuela al plato de un estudiante.

La escuela Saul opera con la ayuda del Henry Got Crops, un modelo de agri­cultura respaldada por la comunidad (CSA) en el que participa junto con organizaciones como Weavers Way Co-op, Weavers Way Community Programs y el parque Fairmount Park, el cual le arrienda gran parte de los terrenos agrícolas a la escuela.

Henry Got Crops es un suplidor certificado del Di­stri­to Escolar, ya que cuenta con inspecciones de salud y seguridad y también asegura el control de la calidad.

A través de Weavers Way y sus puntos de distribución en Mount Airy y Chestnut Hill, estos alimentos producidos sin químicos también llegan a cocinas y mesas en todo el noroeste de Filadelfia. Cada semana, a los estudiantes de la Saul se les distribuye un poco para llevarse a la casa.

Jessica McAtamney, ma­estra de recursos naturales de esa escuela, dice que los alimentos de la escuela “están cambiando los patrones de comportamiento entre los estu­diantes”.

En algunos vecindarios urba­nos hay carencia de vegetales frescos, dijo ella, y “puede ser difícil lograr que una familia trabajadora los consuma. No es fácil que substituyan los Doritos por papitas de col rizada”.

“Ellos consumen lo que cosechan”, dijo Sharon Handzus, directora de servicios de comida de la escuela. “Les resulta más interesante que si yo tratara de presentárselos”.

Al lado de Handzus en la línea de servicio, el maestro de procesamiento de alimentos Guy Amoroso se estaba preparando para servir puré de nabos. Por ser tan parecido al puré de papas, es fácil que los estu­diantes se aventuren a probarlo a la hora del almuerzo.

Además de los nabos, lechuga re­gular, lechuga rúcula y col rizada, en la escuela también se cosechan arándanos y se espera que pronto cosechen setas gracias al grant de un programa del Departamento de Agricultura de E.E.U.U.

También hay un área de tanques de tilapia como parta de una práctica, y la escuela espera producir el pescado co­mercialmente en el futuro. Las clases de ciencias de alimentos también tienen un matadero de ganado, pero esa carne no se vende localmente como alimento.

Nombre en honor a un patrocinador

La escuela se llamaba originalmente Escuela Superior de Agricultura y Horti­cultura de Filadelfia, pero cambió en 1969 en Honor de Walter Biddle Saul, un prominente abogado local y pasado presidente de la Junta de Educación que por mucho tiempo patrocinó los programas de agricultura en las escuelas.

Tiene una matrícula de aproximadamente 500 estudiantes, de los cuales más de un 60 por ciento son afroamericanos y un 77 por ciento están “en desventaja económica” de conformidad con los estándares de los programas federales de alimentos en las escuelas.

La Saul es una escuela escolar con admisión especial. Los solicitantes necesitan tener calificaciones de As y Bs en sus expedientes, no tener expedientes negativos de disciplina, y obtener una puntuación de al menos un 70mo de percentil en los exámenes estandarizados.

Los estudiantes provienen de toda la ciudad. A Mitchell Valentín, por ejemplo, el viaje en autobús le toma hasta cuatro horas ida y vuelta desde su hogar en el noreste de Filadelfia.

Las actividades en que participan los estudiantes van desde limpiar establos, embolsar composta y ayudar a preparar huertos comunitarios hasta aprender los aspectos más detallados de los códigos genéticos de una planta. La tasa de graduación es más de un 95 por ciento.

Onjané Johnson, senior en el programa de manejo de recursos naturales, alabó la amplitud del currículo, diciendo que entró a Saul pensando en una ca­rrera en horticultura pero ahora está considerando más una en ley ambiental.

Demián Rosales, cuya familia inmigró de Argentina cuando él tenía 3 años, dijo que originalmente quería ser chef, pero que su experiencia en la Saul ha hecho que quiera “mudarse al campo” y trabajar en algo relacionado con agricultura.

Rosales, también senior, dijo que sus años en la Saul han cambiado la dieta alta en carne de su familia – algo acostumbrado en Argentina – a una más balanceada que incluye vegetales de Henry Got Crops.

Valentín quiere estudiar ciencias veterinarias en Penn State.

Si asiste a esa universidad, tendrá bastante compañía. Más de un 60 por ciento de los graduados de la Saul van a la universidad, muchos a Penn State, Cornell y otras que ofrecen programas orientados a la agricultura.

Por otro lado, la maestra McAtamney también cita el efecto que la escuela ha tenido más allá del campus, y ojalá que en la ciudad misma.

“En un área urbana”, dice, “la gente tiende a pensar en la agricultura como ‘arados y cerdos’. Pero es mucho más que eso”.

Paul Jablow es un redactor independiente que contribuye artículos para el Notebook.

Traducción por Mildred S. Martínez.

Para leer más artículos del Notebook en español, visite nuestra página en línea  thenotebook.org/español.

 

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@PaulJ1940
Paul Jablow is a freelance writer and former Philadelphia Inquirer reporter who contributes regularly to the Notebook.