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Devastada por pérdida de empleos, Kensington ahora enfrenta recortes

La mayoría de los empleadores privados grandes se fueron hace años, y las escuelas, están viendo que sus fondos se acaban.

By por Paul Jablow on Feb 3, 2012 12:31 PM
Photo: Harvey Finkle

Viejos complejos industriales dominan mucho del paisaje de Kensington.

Desde su oficina en el quinto piso de las oficinas centrales de Congreso, Cynthia Figueroa puede apreciar el pasado de Kensington y ver lo que ella espera para su futuro.

Un bloque al este, en la esquina de las calles American y Cambria, una abandonada fábrica de textiles ha sido demolida, y su organización de servicios humanos basada en la Kensington está construyendo un centro de educación y una escuela chárter en el lugar.

El centro también será hogar de un plantel de Harcum College, donde los residentes locales estudiarán liderazgo y administración, justicia juvenil, recursos humanos y cuidado de niños. Esto es sumamente distinto a los empleos de manufactura una vez disponibles para cualquiera con un diploma de escuela superior – o quizás con una espalda fuerte. Figueroa, presidente y CEO de Congreso, confía en que con los recursos adecuados, la juventud de Kensington puede ser adiestrada para el mercado de empleos del siglo 21.

Pero a ella le preocupa si esos recursos estarán disponibles (entre ellos el dinero para el sistema de escuelas públicas), particularmente para los estudiantes que han abandonado la escuela. A ella le alarma el efecto de los continuos recortes de presupuesto y cómo éstos harían difícil mantener los programas regulares y los programas alternativos de educación, ya que éstos se encargan de los estudiantes en riesgo de dejar la escuela y de los que están buscando una manera de terminar sus estudios.

“¿Qué va a quedar después de que les enseñen a los niños que ya están en la
escuela?”, pregunta ella. “Temo que las cosas se van a poner peor antes de mejorar”.

Aunque todas las escuelas han enfrentado reducciones, el presupuesto del Distrito Escolar de Filadelfia para los programas de educación alternativa ha sido recortado a menos de la mitad este año escolar.

Y muchos de los estudiantes afectados viven en el área de Kensington, que ya se ha visto sumamente afectada por la escasez de empleos de entrada que pagan lo suficiente para subsistir.

Memorias de la industria

Las cosas no siempre fueron tan difíciles en esta comunidad.

“Cuando yo era más joven”, dice Ken Milano, de 52 años y residente de Kensington toda su vida, “uno podía renunciar a su trabajo en la mañana y tener otro esa misma tarde”. Milano, geneálogo y autor del libro Hidden History of Kensington and Fishtown, dice que de 15 amigos cercanos, quizás cuatro fueron a la universidad.

“La industria de fabricación de barcos se fue, y luego la industria de textiles la siguió”, dijo Milano. A mediados de los ’20, dijo él, Filadelfia tenía unos 70,000 empleos en la industria textil y casi la mitad eran en Kensington.

Las lápidas son bien conocidas. Stetson Hats y la fábrica de alfombras Bromley cerraron sus operaciones locales en los años 70. El astillero Cramp, que bordeaba la costa de Kensington y Port Richmond, empleaba a unas 15,000 personas durante la Segunda Guerra Mundial, disfrutó un breve renacer durante la Guerra de Corea y luego se cerró para siempre. El Arsenal Frankford, otro empleador principal de residentes de Kensington, cerró sus puertas en el 1987.

“Éramos el nexo del empleo, la transportación y la materia prima”, dijo Henry Pyatt, gerente de la zona comercial de la New Kensington Community Development Corporation (NKCDC).

Ya no. Los empleos de manufactura en Filadelfia bajaron drásticamente de más de 250,000 a 52,500 entre el 1969 y el 2001 nada más, de acuerdo con un análisis de estadísticas de empleo federales hecho por Michelle Schmitt del proyecto Metropolitan Philadelphia Indicators de la Temple University. Para el 2010, esa cifra se había reducido a menos de 25,000 de acuerdo con un informe de la Fundación Pew. En total, nueve de diez empleos de manufactura desaparecieron en un periodo de cuatro décadas.

Kensington y los vecindarios cercanos fueron los más devastados por esa reducción, y la industria de ventas reemplazó sólo una fracción de los viejos empleos en manufactura.

“Cuando yo llegué aquí [en 1986], los negocios se habían ido, los bancos se habían ido”, dice Patricia DeCarlo, directora ejecutiva de la Norris Square Civic Association (asociación cívica de Norris Square). “Pero la gente todavía estaba aquí”.

La salida de la industria “realmente afectó esas comunidades”, dijo Bob Collazo, gerente senior de servicios comerciales del Departamento de Comercio de la ciudad. “El empleo de $40-50 la hora [en manufactura] ha sido sustituido por la escala de salarios de la industria de servicio. Hemos visto los síntomas predecibles de desplazamiento económico y social, criminalidad, uso de drogas y familias destruidas. Regresar va a ser una ardua lucha”.

Pyatt y Sandy Saltzman, directora ejecutiva de la NKCDC, dijeron que esa “ardua lucha” parece haber empezado: un viejo edificio industrial ahora es una clínica de salud mental; una fábrica de textiles abandonada ha sido convertida en estudios para artesanos; en el solar limpio de una planta galvanizadora ahora hay una granja.

Pero “muchos de ellos no han llegado al punto de contratar empleados”, dice Pyatt.

“Eventualmente quizás lo hagan, pero todavía no”.

About the Author

El escritor independiente Paul Jablow es un contribuidor regular del Notebook.
Traducción por Mildred S. Martínez. é

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