November 27 — 12:00 am, 2003

Los maestros tienen que entender y aceptar las diferencias

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Un diploma universitario de cuatro años; cursos de educación requeridos; experiencia como estudiante de pedagogía, pasar el examen Praxis de Pensilvania.

De acuerdo a las regulaciones del estado, las personas que cumplen con estos requisitos están preparadas para dar clases en cualquier lugar del estado. Pero, ¿están realmente preparadas para enseñar en Filadelfia?

En particular, ¿están estos maestros al tanto de las diversas culturas de los estudiantes de Filadelfia y dispuestos a aprender de ellos y aceptar estas diferencias en sus salones de clase? ¿Están convencidos de que hacer esto es primordial para que los estudiantes aprendan? En pocas palabras, ¿están comprometidos con la educación multicultural y dispuestos a desarrollarse a sí mismos como maestros culturalmente competentes?

En demasiados de los casos, la respuesta es no.

ýara que ocurra algo significativo en un salón, los maestros y estudiantes tienen que formar una comunidad en la que los estudiantes se sientan importantes y apreciados. Para lograr esta comunidad, los maestros tienen que darse cuenta de lo que los estudiantes aportan al salón de clases para incorporarlo al currículo como elemento esencial.

Cultura – a menudo definida como el conjunto de valores, creencias y tradiciones creadas y compartidas por un grupo – es esencial para la identidad de una persona. Los maestros y estudiantes por igual, como cualquier otra persona, poseen sus propias identidades culturales.

Un maestro puede ser un inmigrante argentino que enseña arte, juega soccer, disfruta del buen vino, es padre de familia, escucha música jazz y colecciona revistas de caricaturas. Otro puede ser una mujer lesbiana de Carolina del Norte que toca la guitarra, enseña biología, es vegetariana y lucha por los derechos de los animales.

Un estudiante puede ser cubano, hijo de padres adorables, y tener una casa hermosa con patio, dos perros y un ambiente de aprendizaje cómodo y seguro. Otro estudiante – el mayor y el responsable de cuidar a sus hermanitos mientras mamá trabaja el turno de siete a once de la noche – puede ser que viva solamente con su mamá, en un hogar de bajos ingresos y tres habitaciones para siete personas.

Los estudiantes de color componen la mayoría en el Distrito. Sin embargo la mayoría de sus maestros son de la raza blanca, quienes no tienen un entendimiento completo de las causas de desigualdad y no ponen en duda los privilegios que les otorga la sociedad.

A menudo yo interactúo con maestros que sin demora califican a los "estudiantes problemáticos" (y a veces a sus padres) como haraganes, desmotivados y apáticos. Estos son los mismos maestros que no saben la verdadera historia del racismo y otras formas de discriminación en los Estados Unidos ni cómo afectan la situación actual.

La meta del Distrito Escolar de Filadelfia es educar y preparar a los niños para el futuro. ¿Cómo se podrá lograr esto sin que haya maestros en todo el distrito culturalmente competentes y capaces de canalizar el potencial de las diferencias colectivas de los estudiantes para fomentar el logro estudiantil?

Sencillamente, no se puede.

El Distrito necesita hacer más énfasis en la promoción de una educación multicultural auténtica. Lamentablemente, el nuevo Core Curriculum (Currículo básico), que los administradores del Distrito dicen ser el más multicultural en la historia del Distrito, solamente resalta de manera superficial los días festivos y héroes de ciertos grupos raciales y étnicos, evitando así desarrollar una enseñanza culturalmente competente. En vez de eso, es necesario motivar y apoyar a los maestros que se esfuerzan en construir sobre los conocimientos individuales y colectivos de los estudiantes para fomentar el aprendizaje de los estudiantes.

Como maestra, invito a mis estudiantes a traer parte de sus vidas al salón de clases mediante la expresión escrita, en especial la poesía. Así, mis estudiantes me han dado información valiosa sobre sus vidas que me ha permitido ofrecerles mejor instrucción y crear un ambiente de participación y espíritu de comunidad en el salón de clases.

Hay que tener compasión y una mente abierta para lograr las metas de una enseñanza culturalmente competente. Al entender que cada persona es diferente y valorar verdaderamente estas diferencias, un maestro puede crear un ambiente en el salón de clases que tenga una influencia positiva en nuestros estudiantes. Es tarea del maestro crear una comunidad que acepte y aprecie a los estudiantes en base a lo que pueden contribuir, no en base a lo que les falta.

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