March 8 — 12:00 am, 2007

Luchando contra el abandono escolar

Las relaciones interpersonales son la causa y el remedio, dicen los que trabajan con los adolescentes.

“Yo nunca me hubiese podido salir de la escuela sin que mis abuelos, mis vecinos – hasta los vagabundos del vecindario – me regañaran,” dice Jay Henry, director de la Oficina para la Prevención del Abandono Escolar y la Delincuencia del Departamento de Servicios Humanos de Filadelfia. “Me hubiesen dicho lo mismo 150 veces al mes: ‘¿Qué rayos crees que estás haciendo?’”

“Ahora, los padres no tienen ese tipo de relación íntima con ellos para apoyarlos,” observa Henry.

Muchos de los que laboran en el frente de batalla buscando reconectar a los estudiantes que han abandonado la escuela en Filadelfia dicen que se necesitan relaciones que apoyen a los adolescentes y a sus familias. El Notebook habló con Henry y cinco otras personas que están trabajando directamente con los adolescentes para saber más sobre cuáles son las causas de la crisis de abandono escolar en Filadelfia y las estrategias efectivas para lograr reconectar a los estudiantes con las oportunidades educativas.

El crack y la pérdida de conexión

El Reverendo Donald E. King fundó la organización Drug Task Force Ministry (DTFM)/Youth Reality Connection (un ministerio de lucha contra las drogas) en 1998 para aumentar la conciencia sobre los problemas que las familias y los adolescentes tienen a causa del uso de drogas. Él considera que la epidemia de cocaína tipo crack de los 1980, que dejó a muchos niños sin alguien que los defendiera, es uno de los factores que más han contribuido a la crisis de abandono escolar de Filadelfia.

“A medida que [la epidemia de crack] comenzó a arraigarse, se hizo más difícil que los adultos se pudieran comunicar con los adolescentes que se habían acostum­brado a estar solos y a cuidarse a sí mismos,” dice King. “Estos niños ya no confiaban en los adultos, y por lo tanto nunca se integraron por completo en la educación ni en programas que les pudieran beneficiar”.

Durante grupos de enfoque con los estudiantes en la Escuela Superior Simon Gratz en 1999, King escuchó a los jóvenes lamentarse tanto de su dolor como de la sensación de que nadie les estaba escuchando. Sus palabras le llevaron a enfocarse en los adolescentes de las escuelas intermedias con consejería basada en la fe, servicios de apoyo en la escuela, y actividades complementarias después de la escuela. “Muchos de estos niños solamente desean llegar a ser adultos para poder cuidarse a sí mismos. Están cargando muchísimo equipaje emocional que les impacta el cuerpo, la mente, y la capacidad de razonamiento,” dice King.

Eric Peters, del Programa de Reintegración a la Comunidad de Resources for Human Development, dice que los mercados de drogas que proliferaron en los 80 y los 90 contri­buyeron a que el abandono de la escuela se viera como una ruta factible, especialmente para los varones afroamericanos y latinos. “La habilidad de ganar dinero en el juego de las drogas hace que la escuela se vuelva la segunda opción para muchos adolescentes que ya están teniendo problemas académicamente,” dice Peters.

Luchan para resolver el problema

“El Distrito Escolar mismo no estaba preparado ni podía manejar esta situación,” añade King. Inmediatamente después de la epidemia de crack, dice, “tuvimos todo un nuevo tipo de problemas de disciplina que las escuelas no podían enfrentar.”

Los datos de la oficina de Henry refuerzan la continua magnitud del problema. Cada mes, Henry recibe del Distrito Escolar una lista de estudiantes “desconectados” de 11mo y 12mo grado, que están en las listas de matrícula pero que no han estado asistiendo a las clases. En noviembre de 2006, esta lista tenía 4,853 nombres.

“La desconexión parece comenzar tan temprano como el tercer grado,” dice Henry. “Frecuentemente, se relaciona con la habilidad del niño para leer, cuando comienzan a atrasarse un poco más cada año.”

Sin embargo, dice Henry, las escuelas no tienen la capacidad de formar relaciones constructivas con los estudiantes y sus familias y esto solamente acelera el proceso de desconexión de los adolescentes.

“Tan pronto la relación del profesional con los padres se vuelve disfuncional o combativa, entonces los niños pueden ‘perderse entre las sombras.’ Los estudiantes saben que nadie va a llamar a sus mamás,” explica Henry.

Relaciones y reconexión

Otras personas que trabajan directamente con los adolescentes que abandonan la escuela enfatizan cuán importante es tener relaciones sólidas que los ayuden a lograr la a menudo difícil transición de regreso al entorno educativo.

Della Lazarus es una trabajadora social para Drexel University Midwives, donde ella evalúa a las embarazadas para determinar qué atención prenatal y servicios de apoyo necesitan. En cualquier momento dado, Lazarus tiene aproximadamente 150 mujeres bajo su cargo, y más o menos 75 por ciento de ellas están entre las edades de 18-26. Ella calcula que posiblemente hasta la mitad de ellas han abandonado la escuela.

“Ser madre puede ser una fuerza que obliga a una mujer joven a organizarse y unificarse,” dice Lazarus. “Ser responsable de otra vida puede darte motivación para que te enfoques en conseguir ese GED, en regresar a la escuela.”

Pero para poder lograrlo, las madres jóvenes necesitan relaciones fuertes con una persona sensible a las necesidades de las adolescentes, y quien las pueda guiar a través de los requisitos burocráticos de la reconexión. “Lo primero en mi lista de deseos,” dice Lazarus, “es una oficina con encargados de casos que estén fácilmente accesibles para las madres jóvenes” y cuya tarea específica sea “ayudarles a negociar el regreso al sistema público, a reunir los créditos que necesitan para graduarse, o conectarlas con el programa apropiado.”

Al igual que Lazarus, Eric Peters nota la necesidad de relaciones sólidas que ayuden a estos jóvenes a “dar el difícil primer paso” en sus esfuerzos por reconectarse. Peters trabaja con adolescentes que se están “reintegrando” a sus familias y comunidades después de estar por periodos extendidos en centros de residencia alternativa.

“Ellos necesitan atención individual, la cual frecuentemente no está disponible en las escuelas grandes a las que asisten,” dice él. Él sugiere que cada joven que regresa a un programa debe tener un plan educativo individual, similar al que se prepara para los estudiantes de educación especial.

Taylor Frome y Mike Sack de Youth Empowerment Services (YES) están de acuerdo y añaden que los adolescentes tienen que participar en el desarrollo de sus propios planes educativos.

Frome dice que es crítico tener buenas relaciones con los consejeros adultos quienes pueden ayudar a estos estudiantes que se están reconectando a tener éxito temprano y sentirse confiados cuando vean que todo eso es posible. Ella añade, “Los adolescentes afroamericanos y latinos quieren las mismas experiencias educativas que los demás… sentirse bien, recibir buen trato, divertirse, y tener experiencias sociales y educativas que sean motivo de satisfacción. No se merecen menos.”

Es labor de todos

Finalmente, muchos en el frente de batalla de la crisis de abandono escolar en Filadelfia están de acuerdo en que no hay límite en lo que las escuelas y programas pueden ofrecer. Henry argumenta que en cualquier esfuerzo extensivo para prevenir el abandono escolar es esencial fomentar que las redes de apoyo basadas en la comunidad sean más fuertes.

“Sin sistemas de apoyo informales para los padres y la influencia de adultos positivos y dedicados para los estudiantes,” dice él que los mismos problemas persistirán.

Igual que Henry, el Reverendo King ve la fragmentación de la estructura familiar y la pérdida de conexión como los asuntos básicos que se tienen que enfrentar y resolver. Él dice, “Si podemos volver a reestablecer relaciones buenas en nuestras familias y comunidades, podremos superar este problema. Nuestros adolescentes necesitan ver otro nivel de interés por ellos.”

the notebook

Our news is free to read, but not to report.

support local journalism

xjavporn.com

replicaleader.com