November 22 — 12:00 am, 2007

La Ley ‘Que Ningún Niño Quede Atrás’ y su impacto

La ley federal del 2002 ha definido lo que está ocurriendo en las escuelas y salones de clase en todo el país.

Desde que la Ley Que Ningún Niño Quede Atrás (conocida como NCLB por sus siglas en inglés) fue aprobada hace cinco años, la educación en los Estados Unidos – y ni hablar del debate sobre la educación – ya no es la misma.

Técnicamente, la ley es la versión del 2002 de la vieja Ley Federal de Educación Elemental y Secundaria (ESEA) de hace 42 años, pero con un nombre más moderno. Sin embargo, es mucho más que eso.

A un grado sin precedentes, la NCLB ha expandido el alcance del gobierno fe-deral dentro de las políticas de educación locales y está influyendo sobre lo que ocurre en los salones de clase, las escuelas y los distritos como no lo había hecho ninguna ley anterior.

Basándose en un movimiento de están-dares que comenzó en la década de los 90, estableció la ambiciosa – y según la opi-nión de algunos, imposible – meta de que todos los estudiantes logren niveles de competencia en matemáticas y lectura para el año 2014, sin tomar en cue nta la incapacidad, el origen étnico, el dominio del inglés ni el estatus socioeconómico.

La ley requirió que cada estado estableciera metas de mejora anuales para sus escuelas y que publicara los resultados de los exámenes tanto en términos generales como desglosados por subgrupo demográfico. Como consecuencia, las escuelas ya no pudieron ocultar su fracaso educando a los niños de minorías, los incapacitados o los que están aprendiendo inglés.

Esta ley, que fue una iniciativa típica de la administración Bush, fue un compromiso entre los Demócratas y los Republicanos. Fue aprobada por el Congreso con la ayuda de prominentes Demócratas como el Senador Ted Kennedy de Massachusetts.

Sin embargo, el bipartidismo tiene dos direcciones. A medida que los distritos escolares comenzaron a batallar por cumplir con sus requisitos, los adversarios tradicionales se unieron para oponerla – las uniones de maestros, agobiadas por demasiados exámenes, se unieron a los conservadores a quienes no les gusta la interferencia del gobierno federal.

Al mismo tiempo, la comunidad de derechos civiles quedó dividida: algunos grupos piensan que la renovada atención a los niños pobres y de minorías está impulsando el progreso académico, mientras que otros creen que las escuelas que les sirven a estos niños están ahora sujetas a estrategias de reforma que se basan en el castigo y no han sido comprobadas, entre ellas la conversión a escuelas tipo chárter, la privatización y el reemplazo de maestros.

La ley no definió estándares nacionales sobre el nivel académico ni la calidad de los maestros – dejándole esas decisiones a los estados. En respuesta, los estados han establecido puntos de referencia sumamente variados. Y mientras las ayudas federales para educación han aumentado desde que la ley entró en vigencia, una amplia coalición de grupos se ha quejado de que los aumentos no son suficientes para pagar por las reformas que se necesitan en las escue-las con problemas para ponerlas al día. Kennedy ha argumentado que la inversión federal debiera haberse cuatriplicado a $80,000 millones. En su lugar, ha aumentado solamente unos $17,000 millones, para un total de $24,000millones.

Esta división es evidente a medida que el Congreso intenta reautorizar la ley. Después de meses de trabajo, algunos líderes clave del Congreso están dudando que ninguna ley se apruebe este año. Las escuelas y los distritos posiblemente tendrán que seguir operando bajo las condiciones actuales de la ley hasta el 2010.

Localmente, la NCLB ha tenido un número de ramificaciones. Como era de esperarse, la mayoría de las escuelas de Pensilvania que han sido identificadas como deficientes están en Filadelfia, Chester y otras áreas de bajos ingresos. Sin embargo, la publicación de los resultados de los exámenes también ha expuesto el fracaso de muchos distritos suburbanos en educar adecuadamente a sus estudiantes de color, discapacitados y de bajos ingresos, y esto ha estimulado la oposición a la ley.

Estos son los resúmenes de algunas de las estipulaciones más importantes de la ley y cómo se han manifestado en Filadelfia:

Exámenes y responsabilidad

La NCLB requiere que las escuelas les den exámenes de matemáticas y lectura a los estudiantes cada año desde los grados tercero hasta octavo y luego en 11mo grado. Los resultados entonces se tienen que publicar desglosados por subgrupos que incluyen raza, origen étnico, incapacidad, dominio del inglés y nivel de ingresos. Para lograr un Progreso Anual Adecuado (AYP por sus siglas en inglés), la escuela en términos generales y todos sus subgrupos tiene que cumplir con los objetivos de competencia en lectura y matemáticas o demostrar que está mejorando rápidamente. Hay otros objetivos que también se tienen que cumplir, que incluyen participación en los exámenes y porcentajes de asistencia, y tasas de graduación para las escuelas públicas. Si la escuela no cumple aunque sea uno de esos objetivos, no logrará el “AYP.”

Ahora mismo, 70 escuelas de Filadelfia se han quedado cortas por cinco años o más y han sido clasificadas como en “Acción Correctiva II,” lo que significa que están enfrentando el remedio más drástico, que incluye pasar a manos de una administración privada o convertirse en unaescuela chárter. Muchas de estas escuelas ya habían empezado a ser administradas por compañías externas antes de que la NCLB entrara en vigencia – por lo que cabe preguntar si otra cosa podría funcionar. El Distrito Escolar está prometiendo un plan este invierno para las escuelas en “Accíón Correctiva” (vea de página 1).

Como mucho, en el 2004 el 60 por ciento de las escuelas de Filadelfia lograron sus objetivos de AYP. Eso ha disminuido en un 40 por ciento porque esos objetivos, establecidos por el estado, se han vuelto cada vez más difíciles.

Aquí como en todos los demás lugares, los educadores se han quejado de que el énfasis en lectura y matemáticas ha dominado las demás materias y ha convertido a las escuelas en centros de preparación para exámenes, lo que hace dudar si es valioso obtener puntuaciones altas en los exámenes, especialmente cuando el enfoque ha sido en los grados más bajos.

Al mismo tiempo, muchas escuelas han sufrido el estigma del fracaso con clasificaciones como “Mejora Escolar I” y “Acción Correctiva II.” Pero es imposible decir cuánto esos estigmas han contribuido a mejorar el desempeño de las escuelas.

Calidad de los maestros

La NCLB requiere que todas las escuelas cuenten con un “maestro altamente cualificado” en cada salón de clases. Dejó que los estados definieran lo que es “altamente cuali-ficado”, pero estableció algunos requisitos mínimos. Uno enfatizó el conocimiento de materias – por ejemplo, requiriendo que los maestros de séptimo y octavo grado demo-straran dominio de las materias que están enseñando, ya sea mediante una concentración de estudios universitarios o pasando un examen Praxis de certificación de maestros.

Pero a medida que los estados descubrieron que muchos maestros veteranos no podían pasar los exámenes ni cualificar de otro modo, algunos (incluido Pensilvania) resolvieron el problema creando nuevos “certificados puente”, que esencialmente permiten que los maestros veteranos sean certificados mayormente en base a su experiencia. Al mismo tiempo, las reglas federales le otorgaban clasificación de “altamente cualificados” a maestros que completaban programas alternativos de preparación como Teach for America y que nunca habían estado en un salón de clases ni asistido a un programa universitario de capacitación en pedagogía.

Betsey Useem de Research for Action, quien ha escrito varios informes sobre este tema, dijo que generalmente la NCLB ha mejorado la calidad de los maestros en Filadelfia, especialmente entre los recién contratados, pero no ha resuelto el problema de la inestabilidad de los maestros en las escuelas en las que nadie quiere enseñar.

“Ha elevado el estándar de credenciales y eliminado a los maestros sin licencia”, dijo Useem. “La fuerza docente cuenta ahora con un grupo de maestros mucho más fuertes académicamente”.

Por otro lado, no ha habido presión ni estatal ni federal para cambiar la distribución de maestros, que está todavía dictada principalmente por la preferencia individual, y los mejores maestros siguen prefiriendo mantenerse alejados de las escuelas más pobres a pesar de la ley. Los maestros de Teach for America en particular han sido usados para llenar las vacantes en lasescuelas a las que nadie quiere ir, y la ma-yoría se va después de dos años perpetuando así el problema de la rotación de personal.

Transferencias y servicios suplementarios

Cuando las escuelas repetidamente no logran sus objetivos de AYP, la NCLB dice que parte de sus fondos federales tienen que estar disponibles para tutorías privadas y para transferir a los estudiantes a escuelas mejores. (Las escuelas clasificadas como “persistentemente peligrosas” bajo la NCLB debido a una cantidad excesiva de incidentes serios también tienen que ofrecer transferencias.)

En Filadelfia y en todos los demás lugares, tanto las tutorías como las transferencias (conocidas como “servicios suplementarios”, han sido usadas muy poco por los padres.

Inicialmente, el antiguo CEO Paul Vallas luchó para mantener la mayor parte de la ayuda federal para su propio programa después de la escuela y ganó la batalla por un año. Sin embargo, cuando el Departamento de Educación requirió que el Distrito usara todo el dinero para tutores privados, no muchos estudiantes se matricularon. La lista de proveedores externos que querían prestarles servicio a los estudiantes en Filadelfia se ha reducido considerablemente, dijo el portavoz del Distrito Fernando Ga-llard. De 110 inicialmente aprobados por el estado, solamente hay 33 este año.

Entre las críticas a la ley está que el trabajo de los tutores no ha sido regulado y que se ha presentado muy poca evidencia de que estén ayudando a los estudiantes.

En cuanto a las transferencias a una escuela mejor, esa disposición ha tenido muy poco impacto. Muchas de las escuelas que logran sus objetivos no tienen espacio para recibir transferencias. “Las escuelas populares son también las preferidas de la gente que vive en esa comunidad”, dijo Gallard. Este año, menos de 200 estudiantes utilizaron con éxito la política de selección de escuela para transferirse a una escuela mejor.

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