November 26 — 1:00 am, 2008

Para la superintendente y la presidenta de la SRC, la historia define su labor

Durante sus carreras escolares, Ackerman y Dungee Glenn experimentaron personalmente lo que es la desigualdad educativa.

spanish1 Photo: Harvey Finkle

Sandra Dungee Glenn recuerda gráficamente el momento en que por primera vez se dio cuenta de las desigualdades educativas.

Estaba en cuarto grado, asistiendo a una clase de redacción creativa en la Universidad de Pensilvania con algunos de los estudiantes más brillantes de toda la ciudad: blancos y negros, de familias adineradas y de escasos recursos económicos. Ella estaba en un grupo con una niña blanca del noreste que no paraba de hablar sobre la cafetería de su escuela, del gimnasio, del auditorio, y hasta de un laboratorio con conejos y tortugas.

La escuela de Dungee Glenn era la Escuela Elemental Barry en el oeste de Filadelfia, donde todo el estudiantado era negro y no había nada de esas cosas.

La niña de nueve años no salía de su asombro. “Pensé, ‘wow, ¿de veras hay escuelas así?’” recuerda la presidenta de la Comisión para la Reforma Escolar, que ahora tiene 51 años.

La Superintendente Arlene Ackerman, una década mayor, tiene memorias parecidas también – en un lugar diferente y una época diferente, pero casi la misma historia.

Su escuela elemental en St. Louis era segregada, y ella tenía que pasar caminando frente al capítulo local del KKK para llegar. La solución de Missouri para lograr integración después del caso Brown v. la Junta de Educación fue llevar estudiantes y maestros de su escuela en autobuses a una escuela de blancos cercana y ponerlos a todos en una sección aislada del edificio. Esos maestros no iban a las reuniones de la facultad, y los estudiantes negros nunca compartieron el mismo salón de clases con sus compañeros blancos.

Cuando la familia de Ackerman se mudó a un suburbio y ella era una de 50 estudiantes negros en una escuela mayormente blanca, ella al igual que Glenn recuerda su reacción cuando descubrió lo que allí había: una amplia selección de cursos de preparación para la universidad, programas de estudio y trabajo, libros nuevos que nadie había usado antes, y lo más moderno en equipo técnico.

“Nunca olvidaré el impacto que sentí cuando entré en aquella escuela y vi todos aquellos recursos para los estudiantes que mi otra escuela no tenía”, recuerda Ackerman.

Estas experiencias explican por qué ambas mujeres piensan que las diferencias raciales en las puntuaciones de exámenes y otras medidas académicas no son tanto una diferencia en “logro” sino una diferencia en “oportunidades”. También explica por qué las dos están determinadas a resolver las desigualdades que persisten en el desempeño de los estudiantes de diferentes razas en Filadelfia.

Tres meses después de convertirse en superintendente, Ackerman le pidió a su oficina que le presentara a la SRC un fuerte cuadro estadístico de la “diferencia en logros” que enfrentan los estudiantes afroamericanos y latinos.

Dungee Glenn, por su parte, ha presionado a la comisión a estudiar los problemas de equidad racial desde que fue nombrada en el 2002.

En algunas cosas, dijo Dungee Glenn, Filadelfia no ha cambiado mucho desde que ella iba a la escuela.

“Lo que nosotros [ella y sus compañeros de escuela] teníamos disponible para desarrollarnos era muy diferente, y ese es el problema que todavía veo hoy día”, dijo. “Tenemos niños en toda esta ciudad que traen una gran capacidad para aprender y la inteligencia natural para hacerlo, pero lo que a menudo les falta es la oportunidad para desarrollar esos talentos e inteligencia debido al ambiente en el que están”.

Dungee Glenn nació en Filadelfia de padres de clase media que modelaron el poder que puede proporcionar la educación. Su papá operaba una farmacia y su mamá era maestra de escuela elemental. En la mente de Dungee Glenn no había duda de lo que ella podía lograr y así lo hizo.

Fue aceptada a Masterman, pero optó por ir a la Escuela Intermedia Conwell en Kensington, que se estaba desarrollando como una escuela magnet para eliminar la segregación. “Como varios de mis amigos habían sido aceptados a Conwell, convencí a mis papás de que me dejaran ir allá”, dijo Dungee Glenn.

Ella era una de más o menos seis estudiantes afroamericanos de su vecindario que viajaban 40 minutos en el E1 hasta Kensington, que entonces era prácticamente un vecindario completamente de blancos. El viaje no siempre fue sin incidentes. Ocasionalmente ella y sus amigos necesitaron una escolta policial desde la parada del E1 hasta la puerta de la escuela para evitar hostilidad.

Cuando Dungee Glenn entró a la altamente selectiva Escuela Superior de Niñas, enfrentó un desafío de otro tipo – esta vez tenía que convencer al personal de que ella podía con los rigores de un currículo avanzado. Luchó por llenar su itinerario con cursos AP, pero terminó con sólo uno.

“Me preguntaba, si fuera blanca y tuviera las mismas notas, ¿hubiesen esperado más de mí, me hubiesen motivado más, y me hubiesen dado oportunidades diferentes?”, dijo Dungee Glenn, que se graduó summa cum laude de la escuela en 1975 y más tarde de Pennsylvania State University.

Reflexionando sobre sus propias experiencias escolares, Ackerman dijo, “el hecho de que fui a escuelas segregadas probablemente ayudó a que yo sienta esta necesidad de enfocarme en la igualdad”.

Como Dungee Glenn, Ackerman nació de padres de clase media que valoraban la educación. Su papá era ministro y su mamá fue maestra.

Los sábados la familia caminaba una milla hasta la biblioteca para que sus hijos pudieran leer.

Y cuando el personal de esa escuela superior mayormente blanca trató de disuadir a Ackerman de tomar cursos de preparación universitaria durante los dos años que estuvo allí, sus papás lucharon por que se los aprobaran.

“Mis papás nunca hablaron de que nosotros no íbamos a ir a la universidad”, dijo Ackerman, quien tiene un BA en Educación Elemental, dos maestrías y un doctorado de Harvard.

“Pero también solían decir, ‘Tú vas a tener que trabajar el doble para lograr la mitad’”, dijo.

Mientras que Ackerman y Dungee Glenn son prueba de que los estudiantes pueden lograr cualquier cosa a pesar de los obstáculos, ambas están enfocadas en las desigualdades que todavía existen.

“Alguien ha decidido cuáles escuelas, vecindarios, comunidades y niños valen más que otros”, dijo Dungee Glenn. “Nosotros no podemos permitir que eso ocurra”.

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