December 3 — 1:56 pm, 2009

KIPP: Donde aprender es un derecho que se gana

pg 13 spanish web Photo: Harvey Finkle

“Dedicarse de verdad al aprendizaje” dijo el CEO de KIPP Filadelfia Marc Mannella, “significa lograr que los estudiantes adquieran el hábito de ganarse las cosas.

En las escuelas KIPP, los estudiantes se “ganan” todo, incluso las camisas de uniforme, el asiento en el salón de clase, y las giras anuales de la escuela. El sistema de disciplina se basa en recompensas, confianza y segundas oportunidades, pero también es sumamente estructurado y se destaca por tener consecuencias inmediatas al romper las reglas.

“Ganarme las cosas hace que yo … quiera hacerlo todo bien para ver qué más puede suceder”, dijo Michael De León, estu­diante de 8vo grado en la escuela chárter KIPP Filadelfia al norte de la calle Broad.

La escuela es una de 82 escuelas chárter intermedias, incluyendo otra que abrió sus puertas este año al oeste de Filadelfia, y que operan en 19 estados empleando el sumamente aclamado programa Knowledge Is Power (Conocer es poder), ó KIPP.

La escuela KIPP al norte de Filadelfia, que abrió en 2003, les sirve a 340 estu­diantes entre los grados 5to – 8vo. La mayo­ría son afroamericanos o hispanos; 84 por ciento son de bajos ingresos.

Mannella está orgulloso porque la escuela “tiene la reputación de poder manejar a los niños más difíciles”. Dieciséis por ciento de los estudiantes reciben servicios de educación especial.

La filosofía de KIPP es que no hay niños malos, sólo niños que toman malas decisiones. “Aquí los niños tratan de mejorar”, dijo Natahja Heath, de 5to grado. “Cuando peleas, te preguntan qué pasó para que empezara, aunque tienen la opción de expulsarte”.

El programa KIPP refuerza la Ley 26, la política de cero tolerancia que requiere la expulsión de cualquier estudiante que traiga armas a la escuela, aunque Mannella no está de acuerdo con la misma. La cero tolerancia no permite que los estudiantes demuestren que han aprendido de sus errores, dijo él, añadiendo que “nosotros nos esforzamos mucho por mantener a los estudiantes en el edificio” después de una infracción grave.

De los que se les pide irse – más o menos 10 al año – la mitad vuelve a solicitar admisión a KIPP. Si son aceptados, dijo el principal Eric Leslie, “tienen que volver a ganárselo todo, pero sobre todo, la experiencia de irse y regresar verdaderamente les afecta”.

Demetrius Smith, de 7mo grado, fue expulsado por intimidar (bullying). Después de cuatro meses en su escuela anterior, volvió a solicitar admisión a la KIPP y juró que no repetiría su error. “Si no me hubiesen aceptado en la KIPP, probablemente estaría … por ahí en la calle”, dijo. “La KIPP cambia a la gente”.

El desarrollo de carácter, añadió Leslie, es tan importante como “los niveles de lectura y lo que los niños necesitan en matemáticas … si vamos a hacer lo co­rrecto, tenemos que reorientar”.

Para los grados 5to y 6to, los “dólares” KIPP mantienen la disciplina. Los “cheques de sueldo” de los estudiantes aumentan con la obediencia y se reducen si no la hay.

Los estudiantes canjean los cheques por artículos en la tienda de la escuela. Cada viernes, los cheques son enviados a los padres como informes de progreso. En la primavera, ellos deciden quién asistirá a las giras de la escuela.

Para 7mo y 8vo grado, un sistema de mérito/demérito determina quién ganará brazaletes de plástico que demuestran el nivel de privilegio. Los estudiantes con brazaletes rojos, blancos y azules, por ejemplo, pueden ir al baño sin tener que pedirles permiso a los maestros.

Los estudiantes que cometen infracciones graves son colocados por los ma­estros en el “plan de conducta” (behavior plan, BP) de KIPP, una “escala de disci­plina” que incorpora grados de aislamiento social cada vez más fuertes. Los estudiantes salen del BP estableciendo metas, y cada una tiene un valor establecido en dólares del KIPP. En un plazo de tres días, los estudiantes usualmente logran sus metas y recuperan los cheques de sueldo.

Solamente unos dos tercios del estu­diantado se ganan las giras. Los estu­diantes de séptimo grado asisten a un recorrido de derechos civiles al sur del país y los estudiantes de 8vo grado van a Puerto Rico.

 La importancia de ganarse la confianza es evidente. Los casilleros de los estudiantes no tienen candados. Los pasillos están cubiertos de contratos de excelencia firmados por los padres, estudiantes y maestros.

Los maestros refuerzan la disciplina mediante clases rigurosas e interesantes que crean una “cultura de logros”. En lugar de simplemente “darte trabajo”, dijo Michael, “le ponen sabor … no es como las otras escuelas donde las clases son monótonas”.

Los maestros también son meticulosos al hacer cumplir las reglas. “Si hay diferentes reglas en cada salón de clases, uno no sabe cuál seguir”, dijo Mannella.

Semaj Jones, estudiante de 8vo grado, dijo que la escuela KIPP le ayuda a mantenerse en tarea, a diferencia de su escuela anterior donde “me gritaban y me mandaban a la oficina del principal” por quedarse dormido.

Semaj, ganador del premio “KIPPster of the Year” 2009 (estudiante del año), ha mejorado tanto académicamente como en conducta. “Ahora está usando esa ener­gía en algo diferente, no en coraje y fru­stración”, dijo Leslie.

Los críticos dicen que el KIPP, que va abriendo sus escuelas un grado a la vez y hasta la fecha no ha tomado las riendas de ninguna escuela, busca a los estudiantes de más alto desempeño mientras expulsa a los problemáticos. Pero Mannella niega esa práctica de “quedarse con la crema”.

Cada año, dijo él, la KIPP pierde más o menos 10 por ciento de su estudiantado (de 30-35 estudiantes) mayormente porque se mudan a otro lugar. De los estudiantes que entraron al quinto grado este año, sólo dos empezaron al nivel del grado en lectura y ninguno en matemáticas. “Si estamos buscando la flor y nata”, dijo él, “no lo estamos haciendo muy bien”.

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