December 2 — 1:52 pm, 2010

Tomando en cuenta la pobreza… o no

El movimiento “sin excusas” ha provocado nuevos debates sobre cómo las escuelas deben enfrentar las desigualdades sociales.

Marc Mannella, CEO de las KIPP Philadelphia Schools, se siente orgulloso de ser alguien a quien se le puede preguntar cualquier cosa. Pero hay una pregunta sobre educación que prefiere no contestar directamente: ¿Pueden las escuelas por sí solas cerrar la brecha de desempeño por la que los estudiantes de pocos recursos y los de color están educativamente más atrasados que los demás?

Como si estuviera cruzando una cuerda floja sobre el complicado panorama de las escuelas estadounidenses, a Mannella le preocupa cualquier cosa que pudiera distraer a su personal mientras se concentra en lograr la meta de KIPP: Una carrera universitaria para cada uno de sus estudiantes, que mayormente son afroamericanos, hispanos y de pocos recursos.

“Por supuesto, la pobreza es un factor” que afecta el desempeño del estudiante, dice él. “Pero aquí nunca se acepta como excusa”. Para Mannella, cuya organización administra dos escuelas chárter en Filadelfia, sugerir que hay asuntos fuera del control de la escuela es el primer paso hacia un tema controversial tanto para los estudiantes como para los maestros.

“Quizás estés cambiando de un refugio a otro”, dice, “pero todavía tienes tiempo para hacer tu tarea”.

Como muchos otros educadores que han visto la película Waiting for ‘Superman’, Mannella la aplaude por mostrar el lado oscuro del sistema educativo del país, la existencia de escuelas en las cuales las probabilidades de que el estudiante tenga éxito son muy pocas. La fuerza de la película, dijo, “es que las personas están hablando… Le pone cara humana a lo que nosotros los que trabajamos en educación sabemos que está pasando”.

Otros educadores y críticos han expresado preocupación porque el movimiento “Sin excusas”, adoptado por organizaciones como KIPP, Mastery y otras, distrae la atención de la necesidad de resolver los problemas sistemáticos de la pobreza.

En octubre, el entonces canciller de las escuelas de la Ciudad de Nueva York Joel Klen y Michelle Rhee, su equivalente en Washington D.C. en ese momento, publicaron un “manifiesto” sugiriendo que el factor más significativo en el mal desempeño de los estudiantes es una enseñanza deficiente. Richard Rothstein del Economic Policy Institute expresó su desacuerdo.

Dijo que al pasar por alto los factores que no están relacionados con la escuela, los que firmaron el manifiesto contribuyeron con una “parálisis” política que está evitando que el país resuelva el impacto debilitante de la pobreza. En vez de eso, dijo Rothstein, ellos “deben… protestar contra las políticas económicas que sentencian a los niños a fracasar.”

La Superintendente Arlene Ackerman, que originalmente aparecía en la lista de los que firmarían el manifiesto Rhee-Klein, más tarde dijo que no había leído la versión final y dejó de apoyarlo. En una carta al The Washington Post ella escribió: “La verdad es que a nuestras escuelas públicas se les ha pedido no sólo educar a los niños sino también resolver muchos de los problemas que la sociedad no puede o no quiere arreglar. Me refiero a los asuntos directamente relacionados con la pobreza”.

En el 2008, una fuerza de tareas convocada por EPI publicó el documento “A Broader, Bolder Approach to Education” (Un enfoque más amplio y agresivo para la educación), diciendo que “no hay evidencia de que las estrategias para mejorar las escuelas por sí solas pueden cerrar las brechas de desempeño substancialmente, consistentemente ni de manera sostenida”. Más o menos al mismo tiempo, un grupo conocido como The Education Equality Project dijo que es posible cerrar la brecha de desempeño teniendo un buen maestro para cada niño y responsabilizando más a las escuelas.

La administración de Obama tiene defensores en ambos bandos. Mientras impulsa políticas para deshacerse de
maestros inefectivos y mejorar las escuelas de poco desempeño, también ha establecido el programa Promise Neighborhood, el cual busca ofrecerles servicios sociales y de salud a los niños de comunidades selectas y a sus familias (junto con mejores escuelas). Este programa se basa en el modelo Harlem Children’s Zone de Geoffrey Canada.

Canada fue una de las voces protagonistas en Waiting for ‘Superman’. La película destacó sus críticas de las escuelas públicas pero no mencionó nada de su ataque múltiple a la pobreza mediante su trabajo en las comunidades.

Universal Community Homes en el sur de Filadelfia recibió un grant federal de $500,000 en septiembre para establecer un programa Promise Neighborhood. Su presidente y CEO Rahim Islam dice que se necesita un enfoque amplio.

“Hay que trabajar con el producto que entre por la puerta”, dijo. “Las escuelas no pueden funcionar en aislamiento. Es necesario reconstruir las comunidades”.

Islam, cuya organización abrió una escuela chárter pero también está administrando las mejoras en dos Escuelas de Renacimiento, dijo que un enfoque más amplio en las comunidades requiere trabajar con las escuelas existentes en vez de simplemente abrir escuelas nuevas.

“Uno no puede simplemente reemplazar una población estudiantil completa, una población de padres ni la comunidad, los maestros y la administración”, dijo.

KIPP encuentra que es más eficaz abrir escuelas nuevas para gradualmente establecer una cultura de éxito.

David Hornbeck, uno de los antecesores de Ackerman, argumentó enérgicamente que se necesitan más recursos y un enfoque más integral para educar a los niños pobres. Él estableció grupos de escuelas que contaban con una Oficina de Enseñanza y Aprendizaje y también un Centro de Recursos para la Familia.

En ese mismo tiempo, Hornbeck (que dirigió el sistema desde el 1994 hasta el 2000) dijo que su convicción de que los
estudiantes pobres necesitaban más servicios no significaba que las escuelas en las comunidades pobres no serían responsabilizadas.

Algunos señalan que ayudar a los jóvenes a salir del ciclo de pobreza requiere mucho más que un enfoque en el desempeño académico. Jonathan Garr, maestro de matemáticas de sexto grado en la Escuela Intermedia Tilden en el suroeste de Filadelfia, señaló que aunque las escuelas mejoraran las puntuaciones en los exámenes, quizás no sea suficiente. Los niños de comunidades plagadas de pobreza y violencia “podrían tomar las mismas malas decisiones de la vida que iban a tomar de todos modos” sin apoyos y guía adicional, dijo él.

Garr, un joven afroamericano de 26 años, creció en un vecindario de clase media en los suburbios de Washington, D.C. y se describe a sí mismo como un “niño inteligente que se portaba mal” y sacaba buenas notas. Él duda que hubiera tenido éxito si hubiera crecido en un vecindario de mucha pobreza.

Entonces, si la pobreza es un factor en el desempeño académico, ¿cuánta es su influencia?

En su artículo “The Myth of Charter Schools” (El mito de las escuelas chárter) en The New York Review of Books – posiblemente la crítica más conocida de la película Waiting for ‘Superman’ – la historiadora de educación Diane Ravitch cita la investigación del economista Dan Goldhaber, la cual dice que 60 por ciento del desempeño es determinado por factores fuera de la
escuela tales como los ingresos de la familia.

“Aunque los maestros son los factores más importantes dentro de las escuelas… sería insensato creer que los maestros por sí solos pueden arreglar los daños causados por la pobreza y sus problemas asociados”, escribió ella.

Mannella, que fue entrevistado en su oficina en la escuela KIPP nueva en el oeste de Filadelfia, dijo que en lo que respecta a las cifras citadas por Ravitch, “No
estoy seguro de poder cuantificarlo. Y no estoy seguro de realmente querer saberlo.

Nunca vamos a poder reemplazar a los padres”, dijo. “Pero tampoco vamos a dejar que eso sea una excusa”.

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