April 6 — 1:47 pm, 2011

Estudiantes se irritan con las políticas de seguridad

12 security Photo: Harvey Finkle

Para Branden Williams, el problema comenzó en la escuela superior.

"No me sentía a gusto", dijo Williams, de 19 años, mientras se sentaba en un Starbucks en la Avenida City Line. "Los demás estudiantes no dejaban de molestarme; yo era el de piel más clara en la clase. ¿Vez lo claro que soy?" Extendió la mano para mostrar su piel de color café con leche. "La gente pensaba que era un nerd, yo usaba espejuelos – era un problema".

Williams, nacido en el sur de California, se mudó a Filadelfia a los 11 años y pasó los años de intermedia sin muchos problemas. Sin embargo, desde el primer día de noveno grado se sintió diferente en la escuela Freire Charter de Center City. "La manera en que caminaba, la manera en que hablaba, no era el adolescente promedio de Filadelfia", dijo. "Ellos me rechazaron".

Lo que siguió fue un proceso familiar: argumentos, peleas, suspensiones, transferencias, y poco después, fuera de la escuela. Cuatro de cada diez estudiantes de escuela superior el Filadelfia no logran obtener un diploma y cada año muchos siguen el mismo camino que Williams.

"Ellos hicieron mediación y otras cosas, pero nunca funcionó", dijo Williams acerca de Freire. "Tan pronto haces algo, te suspenden. A mí me suspendieron mucho. Me atrasé, y los estudiantes de menos años pensaban que yo era raro. Yo decía ‘perdí el paso. Me tengo que salir’".

Williams dejó la escuela voluntariamente en décimo grado y comenzó una odisea a través de las escuelas del Distrito, que estaban cada vez más conscientes de la seguridad y cada vez más caóticas: "había guardias, seguridad, la disciplina era bien difícil".

"En Overbrook y en Edison los estudiantes en verdad no aprendían mucho. Allí uno iba a jugar, pelear – cosas irrelevantes", dijo Williams. Sus problemas de disciplina continuaron, las suspensiones se acumularon y las calificaciones bajaron drásticamente. Después de ser transferido a tres escuelas en poco más de un año, dejó de ir por completo.

Williams se considera ambicioso y que tiene espíritu empresarial. Obtuvo un diploma GED en una de los centros "E3" de la Philadelphia Youth Network. En dos meses comenzará un programa de técnica automotriz en el Community College of Philadelphia.

"Ahora me va muy bien", dijo mientras tomaba un sorbo de chocolate caliente. "Ahora no me preocupa como antes. No me importa lo que las niñas o los muchachos piensen de mí. Yo sólo quiero dejar eso atrás, todo el acoso, el sentirme como extraño".

Williams no se describe a sí mismo como un pushout (alguien obligado a irse). Sin embargo, tiene todos los rasgos característicos descritos en el informe reciente de Youth United for Change (YUC) titulado "Pushed Out: Youth Voices on the Dropout Crisis" (Obligados a irse: voces de los jóvenes en la crisis de abandono escolar). Con ayuda de la organización sin fines de lucro Research for Action, los estudiantes organizadores de YUC entrevistaron a 273 de sus compañeros para saber por qué habían abandonado la escuela. Sólo un 12% citó el acoso como una razón. Muchos más – casi 60% – citaron las políticas de disciplina: suspensiones múltiples, transferencias obligatorias, y que la escuela se sentía "como una prisión".

De igual modo, Williams no se fue de la escuela porque lo acosaron o intimidaron – se fue porque tan pronto él reaccionó con violencia propia se encontró en un ciclo cada vez más intenso de castigos y transferencias que le dejó sintiéndose tan distante de la escuela como una vez se sintió de sus compañeros.

La solución, de acuerdo con la YUC, es detectar y resolver problemas antes de que se intensifiquen. "El Distrito Escolar debe alejarse de políticas demasiado punitivas… y reducir el número de suspensiones fuera de la escuela, expulsiones, transferencias por disciplina a escuelas alternativas, referidos a la policía y arrestos en la escuela", concluyó el informe de la YUC.

La Comisión de Relaciones Humanas de Filadelfia llegó a una conclusión relacionada y su informe reciente sobre la seguridad escolar encontró que el Distrito necesita un conjunto de prácticas más amigables para el estudiante a fin de resolver los conflictos tan pronto comiencen.

"Los estudiantes fueron bastante específicos y nos dijeron que en sus escuelas hay más guardias de seguridad que consejeros escolares", dijo la miembro de la comisión Sarah Ricks. "Ellos estaban interesados en actividades después de la escuela, más actividades extracurriculares y maneras diferentes para compartir entre sí.

"En su opinión, los conflictos entre ellos desaparecerán al ser unidos por adultos que los traten bien" dijo Ricks.

No es difícil encontrar estudiantes que se irritan con las políticas de seguridad del Distrito, tales como los detectores de metal por los que pasan cada día.

"Nos tratan como prisioneros", dijo Nadiyah Harrell, estudiante de undécimo grado en la Superior Martin Luther King. "Te tienes que quitar todo excepto la camisa y los pantalones. Correas, botas, todo lo demás tienes que quitártelo".

Al mismo tiempo, dijo Harrell, "la seguridad es necesaria". Los funcionarios del Distrito informan que sus detectores encuentran de 700 a 1,000 armas anualmente. Los primeros detectores de metal aparecieron en Filadelfia a finales de los años 90 y ahora están en cada escuela superior del Distrito.

"Tristemente, ya me acostumbré", dijo Tynisha Taylor, estudiante de undécimo en la Superior Olney West. "Cuando llegué pensé, ‘Wow, ¿realmente tenemos que pasar por todo esto? Nos están registrando como criminales?’ Pero a veces los estudiantes se portan mal. No todo el mundo tiene la mentalidad correcta".

Y aunque a los estudiantes les molesten los cateos diarios, a muchos más les frustra que las escuelas no puedan mantener control dentro del edificio. En las reuniones de escuelas ‘renacimiento’ del Distrito, los padres y estudiantes hablaron constantemente de la necesidad de resolver la inestabilidad creada por ‘estudiantes problemáticos en los pasillos’.

La actitud de Ray Anderson, senior en la Superior Gratz, era típica. El problema en la Gratz, dijo él, era "un grupo de estudiantes problemáticos que eran infecciosos". En el año escolar 2009-10, la escuela de 1,000 estudiantes suspendió casi dos estudiantes diarios – 350 en un año escolar de 181 días – y reportó aproximadamente 50 agresiones. "Es sorprendente cómo un grupo de estudiantes puede destruir una institución" dijo Anderson.

Los funcionarios del Distrito saben que las escuelas necesitan llegar a un mejor balance y ser más seguras, más amigables y más consistentes en sus respuestas ante la intimidación, la violencia y otros problemas de ambiente.

"Al Distrito le toca establecer un plan completo", dijo el Superintendente Asociado Tomás Hanna. "La implementación no es consistente. Queremos un método sistemático de manera que todos sepan claramente lo que necesita ocurrir".

Pero cuando se trata de la seguridad y el clima en un edificio dado, el director ejecutivo de seguridad escolar Brendan Lee dice que el liderazgo sigue siendo el factor más importante.

Los 400 oficiales de policía escolar que trabajan para Lee manejan los detectores de metal, vigilan las entradas y responden en casos de delitos como agresión o uso de drogas. Pero dijo Lee que el personal de la escuela es el que tiene que manejar el comportamiento en el salón, las violaciones al código de conducta y los incontables conflictos entre estudiantes que no llegan a nivel de un "incidente grave".

"No queremos convertirnos en ‘el malo’ en situaciones que involucren un celular o un problema en el salón", dijo Lee. "Si ellos se encargan de la disciplina, nosotros nos podemos encargar de los incidentes graves".

Se espera que cada principal maneje un "equipo de seguridad", dijo Lee, que incluye la policía escolar y el personal de la escuela. El tamaño, estilo y efectividad de estos equipos varía de escuela en escuela. "Digamos que se supone que tengan un equipo de seguridad", dijo Lee. "Cómo manejen el equipo de seguridad es harina de otro costal".

En la Superior Roxborough, el principal Steve Brandt dice que el enfoque de equipo funciona. Cuando aceptó el puesto el año pasado, la Superior Roxborough estaba por segunda vez en la lista de "escuelas persistentlemente peligrosas" del estado; en el 2009-10 la escuela con matrícula de 800 estudiantes reportó sobre 50 agresiones. Brandt estableció un equipo de seguridad que se reúne semanalmente y le dio instrucciones claras para manejar la disciplina diaria. Bajo la administración de Brandt, los funcionarios del Distrito dicen que Roxborough está informando una reducción de 74% en actividades delictivas.

Pero Brandt cree que la verdadera clave para seguridad escolar a largo plazo no es hacer cumplir la ley sino cambiar la cultura académica. Para que los estudiantes respeten la disciplina escolar, dijo, tienen que estar convencidos de que la escuela tiene un propósito.

"La mitad de los estudiantes de noveno grado visitó ayer la universidad Chestnut Hill College. La otra mitad está de visita hoy", dijo Brandt. "Uno de los profesores acordó darles clases a los estudiantes estos dos días. Yo quiero que ellos se pregunten: ‘¿Estoy haciendo lo necesario para tener éxito en la universidad?’

"Yo no quise esperar hasta que estuvieran en undécimo o duodécimo grado. Quise hacerlo en noveno, así pueden cambiar lo que están haciendo o no haciendo para encaminarse al éxito".

Brandt no es el único que piensa de esa manera. En el proceso de Renacimiento, tanto los proveedores de escuelas chárter como los funcionarios del Distrito le dijeron a las comunidades escolares que la clave para la disciplina se compone de dos cosas: programas académicos interesantes y trabajo en equipo efectivo entre los administradores, los policías y los grupos comunitarios. Todos están de acuerdo: la seguridad depende de relaciones sólidas entre estudiantes y adultos.

Eso es algo que Branden Williams dice que nunca tuvo. Al recordar su tiempo en el Distrito, no puede nombrar siquiera un solo adulto con el que haya formado un lazo de confianza. "Todo lo tuve que manejar yo mismo", dijo. "Nos ponen a todos en la misma categoría. Llegué al punto en que no me importaba. Sólo quería irme".

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