March 24 — 3:35 pm, 2015

Escuelas carentes de recursos necesitan tecnología asistiva

Imagine que no puede hablar ni oír, tiene vista limitada y ninguna manera de comunicarse con la gente a su alrededor. Este era el aislado mundo de uno de los clientes del Education Law Center, un niño de 9 años que llamaremos Billy (no es su verdadero nombre).

Billy es un niño con múltiples incapa­cidades, entre ellas parálisis cerebral, impedimentos físicos y una incapacidad intelectual. Sus días de escuela eran largos y solitarios. Sus maestros y compañeros no lo entendían ni interactuaban con él, y él no podía comunicar ni sus necesidades más básicas.

Ese no es el mundo de Billy ahora. Cuando este estudiante de Filadelfia entra a su salón de clases toca con facilidad una imagen que habla al instante, permi­tiéndole a Billy saludar y ser entendido por sus compañeros. Por ejemplo, puede tocar la imagen de una cara sonriente para decir “Hoy estoy contento”.

La tecnología de texto a voz, una de las opciones de comunicación aumentativa y alternativa (AAC por sus siglas en inglés) que suplemente o reemplaza la voz, no es algo nuevo. De hecho, se ha estado usando por décadas. Sin embargo, la inteligencia, capacidad y costo de este recurso tan crítico han mejorado drásticamente en los años recientes, igual que nuestros conocimientos en cuanto a cuándo y cómo usarla.

Los aparatos de la actualidad incorporan todas las habilidades de comunicación de la persona, integrando su capacidad de hablar o emitir sonidos, gestos, señales con las manos y comunicación asistida. También permiten que los niños creen sus propios cuentos. Antes la AAC se consi­deraba como el último recurso si todos los intentos por lograr que la persona hablase naturalmente fallaban (por temor a retrasar el desarrollo natural del habla), pero ahora sabemos que puede suplementar la capacidad de voz y ser parte de una estrategia de intervención para desarrollar destrezas de habla y lenguaje y también expandir el vocabulario. Hace años, la tecnología de texto a voz costaba alrededor de $8,000, pero ahora hay algunas aplicaciones disponibles que se pueden descargar por tan poco como $50.

Muchos niños se pueden beneficiar de la AAC, entre ellos los niños con autismo, apraxia y síndrome de Down. La decisión sobre cuál tecnología es la adecuada para cada niño necesita tomar en cuenta la opinión de profesionales capacitados. El uso de AAC requiere que los maestros reciban adiestramiento para que sepan de qué manera la tecnología se pue­de usar para brindarles el máximo apoyo a los estudiantes en el salón de clases.

Pero con demasiada frecuencia, los recursos AAC no se consideran ni se ponen a la disposición de las escuelas carentes de recursos. El resultado es que los niños como Billy, con impedimentos graves de comunicación, terminan solos en sus salones de clase y aislados de sus compañeros, o se ven forzados a estar en ambientes aún más restrictivos y segregados.

A partir del 1997, la Ley de Educación para Personas con Incapacidades (Ley IDEA, por sus siglas en inglés) estableció que es obligatorio considerar aparatos y servicios de tecnología para cada niño incapacitado como parte del proceso básico de asegurar que él o ella tenga acceso al currículo general.

Otras leyes federales como la Ley de Estadounidenses con Incapacidades (Ley ADA) y la Sección 504 de la Ley de Rehabilitación también respaldan el uso de tecnología asistiva para asegurar que el acceso sea equitativo o para eliminar cualquier barrera a un programa o servicio.

La Ley de Asistencia Tecnológica para Personas con Incapacidades, aprobada en el 1988 y reautorizada en el 2010, ofrece fondos para desarrollar programas estatales de información y adiestramiento enfocados en el consumidor, y estos programas deberán estar diseñados con el propósito de identificar las tecnologías apropiadas y cumplir las necesidades de tecnología asistiva de las personas incapacitadas de todas las edades. Sin embargo, los distritos escolares no están necesariamente obligados a proporcionar la tecnología a menos que sea necesaria para ofrecer una educación pública gratuita y adecuada en el ambiente menos restrictivo.

Está muy bien documentado que las escuelas con mucha necesidad no cuentan con acceso a la tecnología ni al adiestramiento de maestros para apoyarla.

Sin embargo, estas son las escuelas que más necesitan recursos de tecnología asistida, ya que luchan por apoyar a un gran número de estudiantes con incapacidades y otras poblaciones estudiantiles de riesgo.

Los verdaderamente revolucionarios avances en tecnología asistiva, entre ellos los aparatos de toque-a-voz que han cambiado el mundo para niños como Billy, tienen que estar disponibles para todos los niños en todas nuestras escuelas.

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